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Una vida salvaje algo diferente

 

TRAS EL RASTRO DE LOS “TRES GRANDES” DE NUEVA ZELANDA


El sur profundo de Nueva Zelanda permite disfrutar de una de las últimas grandes aventuras del planeta. Para cazar aquí se requiere verdadera dedicación y pasión porque, aunque los paisajes que en un primer momento son de una belleza inigualable, también pueden doblegar incluso a los cazadores más experimentados. Quizá sea la forma más dura a la par que bella de aprender a respetar a la naturaleza.

AGOTADORES ASCENSOS Y PAISAJES ESPECTACULARES. CAZAR EN NUEVA ZELANDA NO ES PARA PUSILÁNIMES.

 

Las imponentes cumbres, el exuberante verde de Te Wahipounamu (“el lugar de la piedra verde”) o las relucientes aguas de los majestuosos fiordos. La Isla Sur de Nueva Zelanda le causará una primera impresión que siempre recordará, dondequiera que vaya. Existen pocos lugares en el mundo que sean tan diversos, únicos, extremos y exigentes a nivel físico.

Las zonas salvajes y la autenticidad de esta región se reflejan en el carácter de su gente y en la actitud que demuestran hacia la caza. Cualquier persona que desee vivir una aventura de caza extrema en Nueva Zelanda se encontrará inevitablemente con Greg Duley, autor y editor de la revista NZ Hunter. La caza corre por sus venas y, junto con su hijo Willie, también produce la serie de documentales NZ Hunter Adventures para la televisión de Nueva Zelanda.

“Amamos y apreciamos la vida salvaje y los animales que encontramos. Cuando uno vuelve de una batida de caza, se siente fresco y más productivo”, comenta Greg Duley. “Preferimos comer la carne de la presa que cazamos nosotros mismos, en vez de comprarla en bandejas de plástico en el supermercado”. Este punto de vista ha contribuido a la alta aceptación que tiene la caza entre la sociedad neozelandesa.

En este sentido, resulta asombroso que Nueva Zelanda no tuviera presas autóctonas hasta el siglo XX. Cuando los colonos llegaron al país, introdujeron animales salvajes como fuente de alimento. Los animales se reprodujeron rápidamente porque en Nueva Zelanda no existen predadores, serpientes o arañas venenosas autóctonas. De hecho, se reprodujeron demasiado rápido. “Este hecho explica por qué muchos cazadores consideran que su papel principal consiste en el control de la población. Sin ellos, la diversidad natural estaría en peligro”, afirma Duley.

La aventura empieza mucho antes la caza

Para los neozelandeses, vivir sin cazar sería inconcebible, y por ello invierten mucho esfuerzo. Este hecho pronto se hace evidente en la región de los Alpes del Sur, muy atractiva, pero muy exigente a la vez. La cordillera se extiende a lo largo de la Isla del Sur. Junto con el monte Cook, la cumbre más alta con 3724 metros, estas montañas convierten a la zona en “una de las mejores experiencias de caza del mundo”, citando a Greg Duley.

“Mucho antes de encontrar el primer animal salvaje, hay que luchar contra el terreno montañoso, los torrenciales ríos glaciares y unas condiciones climatológicas rápidamente cambiantes”, afirma. Sus extenuantes salidas de caza duran alrededor de diez días y, en ocasiones, hasta dos semanas. La recompensa a tanto esfuerzo son los anhelados “Tres Grandes” de Nueva Zelanda: el ciervo rojo, el rebeco y el tar.

El tar es originario del Himalaya, así que no resulta sorprendente que este “Rey de las Montañas” se sienta cómodo en terrenos altos y escarpados. Los machos de tar pueden pesar hasta 136 kg. Son animales solitarios que se cazan principalmente en octubre (cuando lucen pequeñas crines) o durante el periodo de celo, entre mayo y junio. Cazar un tar empuja a los cazadores hasta el límite. Encontrar a uno de estos animales requiere muchas horas de difícil ascenso por escarpadas rocas utilizando piolets y crampones. El disparo debe ser preciso y acertar de pleno, porque si se falla o el tiro no es limpio, el tar se escapará casi con total seguridad.

El silencio de la naturaleza

Sin embargo, los ciervos rojos y los rebecos también exigen el máximo a los cazadores. El Área Salvaje de Olivine ha causado una fuerte impresión en Greg Duley. “Fue una expedición fantástica en una región que es prácticamente virgen”, comenta. Durante su viaje de 10 días, cazó junto con su compañero un rebeco con una cornamenta de 25,5 cm, así como un ciervo rojo de 17 puntas.

Duley recalca que, si una persona no está familiarizada con la zona, solo puede lograr estos resultados si contrata los servicios de un guía experimentado. “Su guía no solo le ayudará a convertirse en un cazador con éxito en menos tiempo, sino que también podría salvar su vida”. Asimismo, es importante mostrar un gran respeto por la naturaleza y por los animales salvajes, conocer y aceptar los propios límites y tener un aguante excepcional. Aquellos cazadores que deseen aceptar el reto que plantea el sur de Nueva Zelanda deben entrenar durante un año para conseguir el nivel de forma física requerido.

En la remota y virgen Área Salvaje de Olivine, Greg Duley no solamente ha conquistado montañas y peligrosas gargantas cargando con una pesada mochila, sino que también ha lidiado con tormentas y otras condiciones climatológicas difíciles. Al final, tanto él como la mayoría de los cazadores no recuerdan las penurias, sino la vida salvaje de Nueva Zelanda en todo su esplendor. “El paisaje, indescriptiblemente bello, y el silencio, la soledad que encontramos ahí. Eso es lo que nunca olvidaremos”. 

 

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