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LA CAZA PUEDE SANAR


Puede que, en un primer momento, gran parte de lo que Barbara Hoflacher hace y dice parezca contradictorio, porque es cazadora y vegetariana. Trabaja en el departamento de radiología pediátrica en la Innsbruck Kinderklinik y utiliza la medicina natural en su escuela al aire libre. Le encantan las montañas y adora vivir en la ciudad. Le fascinan los remedios tradicionales e investiga acerca de las grasas de la carne de caza desde una perspectiva científica.

“¡BUENA CAZA! BUEN DISPARO. BIEN HECHO. AHORA YA PUEDES ALIMENTAR A TU FAMILIA”.

Barbara Hoflacher nos llevó de excursión un precioso día soleado de septiembre. No solamente nos mostró un paisaje maravilloso en plenos Alpes tiroleses y compartió con nosotros sus conocimientos sobre la “Farmacopea silvestre”, sino que también nos abrió la mente a nuevos puntos de vista.


A pesar de ser una vegetariana convencida, ¿cómo se convirtió usted en cazadora y decidió comer la carne de los animales que caza? 

Decidí adoptar el estilo de vida vegetariano hace 25 años como reacción a la cría intensiva de ganado, al transporte de animales, etc. Decidí sacarme la licencia de caza porque me interesaba mucho la biología de los animales salvajes, pero nunca me planteé cazar. Sin embargo, el destino hizo que acompañara a un guía de caza que me llevó hasta un corzo. Al principio, no me di cuenta de que le había disparado. Solo me percaté de que ya no veía al animal. Entonces escuché, “¡buena caza! Buen disparo. Bien hecho. Ahora ya puedes alimentar a tu familia”, y entonces me di cuenta de que se estaban refiriendo a mí. Nunca olvidaré lo que sentí al comer la carne del corzo. Tuve la indescriptible sensación de que también estaba ingiriendo el alma del animal. Y desde entonces, he comido la carne de los animales que han cazado mis amigos o yo misma.

 

En su opinión, ¿qué hace que una persona sea un buen cazador?

La atención, el respeto y la compasión por cada ser vivo. Para mí, es esencial que no se cace solamente por el mero hecho de dispararle a algo, quizá con el objetivo de obtener un trofeo, dejando el resto del animal abandonado, en el garaje, en el sótano o en una planta de tratamiento. Para mí, es vital utilizar todo su cuerpo, o en caso de que no sea posible, sacarle el máximo partido. Para mí, es lo que tiene sentido y me ofrece la justificación para cazar.

¿Podría considerarla como “caza sostenible”?  

Sí, por supuesto. Pongamos por ejemplo la marmota a la que disparé. En aquel caso, mis colegas cazadores y yo utilizamos todas las partes del animal. Cuando cazamos una, le damos al perro que llevo conmigo el hígado, el corazón y los riñones. Cuando no es así, los cocinamos esa misma noche. Dado que la marmota es herbívora y no tiene parásitos que causen triquinosis, no necesitamos examinarla en mayor profundidad. Separo inmediatamente la grasa de las vísceras para elaborar mis pomadas. A continuación, la desollamos y nos comemos su carne enseguida. En la literatura antigua, a la piel se le atribuye un gran poder curativo, y se dice que está indicada especialmente en caso de dolores reumáticos. Además, utilizo los dientes para crear joyas como este collar. Los restos que quedan una vez extraída la grasa se utilizan como cebo para zorros o para alimentar a gatos y aves. Se utiliza todo el animal y se cierra el ciclo de la vida.


Dirige su “Farmacopea de caza” de forma científica. ¿Cómo surgió la idea?

Me formé en aromaterapia y quería investigar acerca de un nuevo tema para mi tesis. Dado que nos encontramos en los Alpes, tenía a mano aceite de marmota y luego también decidí utilizar aceite de ciervo, tejón y zorro. Desde entonces, he llevado a cabo una profunda investigación en este ámbito, recurriendo no solamente a obras antiguas de autores como Paracelso, Lonicer o Hildegarda de Bingen, sino que también me he centrado en los aspectos científicos. La catedrática Teresa Valencak, de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, me ha apoyado enormemente, y se interesó de inmediato por este proyecto. Para mis investigaciones acerca de la grasa de la carne de caza, siempre le remito una muestra cruda y otra procesada para que podamos evaluar si el calor altera el patrón de los ácidos grasos. El análisis ha demostrado que el baño maría no produce ninguna alteración, y ello implica que se conservan todos los componentes. Asimismo, puedo utilizar mis conocimientos para interpretar los análisis de los ácidos grasos y comparar las obras antiguas con los descubrimientos científicos. Solo estudio la naturaleza; no soy una experta. Investigo y siempre quiero aprender, reconocer y comprender más, para que pueda documentar y transmitir este conocimiento. 

¿Qué ha investigado exactamente y cómo utiliza sus descubrimientos?

Muchos animales poseen ácidos grasos poliinsaturados como el Omega-3 y el Omega-6, que resultan esenciales en una dieta sana. La grasa de marmotas y el aceite de linaza contienen casi el mismo patrón de ácidos grasos, lo que explica que ninguno de ellos pueda soportar altas temperaturas. La grasa de cada animal salvaje posee unas propiedades propias. Los tejones y las marmotas poseen unos compuestos similares, conocidos como glucocorticoides. Son sustancias parecidas a la cortisona que en nuestros cuerpos calman el dolor y poseen un efecto antiinflamatorio. Es posible elaborar pomadas curativas, cremas solares o incluso desodorantes sin aluminio a partir de dichos compuestos. Por ejemplo, el sebo del rebeco contiene altos niveles de ácido esteárico y puede utilizarse para elaborar velas sin humo que arden lentamente. El sebo del ciervo, del corzo y del jabalí constituyen una base maravillosa para crear jabones suavizantes. También existe una receta para elaborar un abrillantador de zapatos a partir de sebo de ciervo. Se pueden utilizar las cornamentas de los ciervos y de los íbices para fumigar y desinfectar habitaciones. La piel del tejón regula la microcirculación y ayuda a curar la arteriopatía periférica obstructiva. Las posibilidades son verdaderamente increíbles.

 

¿Qué efectos ha observado?

Voici un excellent exemple : une amie a subi de terribles brûlures, de la cuisse au bassin. Elle m’a appelée pour me demander si je pouvais lui recommander quelque chose. Je venais de terminer un nouveau lot d’huile de blaireau ; je lui ai donc proposé de travailler avec elle à la préparation d’une pommade. Nous avons ajouté à la pommade différentes huiles réputées soulager les brûlures. Lorsqu’elle est allée consulter son dermatologue, celui-ci est resté sans voix ; là où se trouvait avant une énorme brûlure, il ne restait pratiquement aucune cicatrice. Même en plein soleil, on ne distingue toujours pas les troubles de la pigmentation qu’entraînent souvent les brûlures.

 

Trabaja principalmente en la Innsbruck Kinderklinik. En su opinión, ¿confluyen la medicina tradicional y la medicina alternativa?

Me satisface enormemente que en la actualidad los tratamientos basados en la aromaterapia, que conceden una gran importancia a los aceites de las plantas, estén sólidamente consolidados en la medicina convencional. En el hospital de Innsbruck, aproximadamente el 50% de los institutos y departamentos ofrecen aromaterapia, si así lo elige el paciente. Por ejemplo, trabajo con un cirujano plástico que aboga por la aromaterapia o incluso por aceites de animales para curar cicatrices. También me gustaría puntualizar que no vendo nada. Simplemente imparto cursos en los que transmito mis conocimientos, que permiten que aquellas personas interesadas elaboren sus propios productos.

 

En los últimos años, hemos sido testigos del creciente interés que sienten muchas personas provenientes de todas partes del mundo por la naturaleza. ¿De dónde proviene esta gran necesidad, ese anhelo?

Una vez más, cualquier cosa que tenga que ver con la naturaleza parece que nos acerca a nuestros corazones. O, en otras palabras, parece que muchas personas sienten esa alienación de la naturaleza. Los norteamericanos lo llaman “trastorno por déficit de naturaleza”, y nos damos cuenta de que este distanciamiento no nos convierte en personas más sanas, sino más bien al contrario, enfermamos y nos deprimimos más. Creo que dentro de nosotros hay algo que nos recuerda que hasta que nos establecimos hace 10.000 años, fuimos cazadores y recolectores nómadas durante miles de años, y ese recuerdo pervive de forma profunda en nuestras células. Sería fantástico si aquellas personas que sienten la llamada de volver a la naturaleza también la respetaran debidamente. La mayoría de las personas están comenzando a comprender qué pueden obtener de la naturaleza y qué le pueden ofrecer. No creo que resulte tan perjudicial, porque a mi juicio, la naturaleza siempre saldrá ganando. La cuestión no es si la naturaleza seguirá existiendo después de nosotros, sino si nuestros descendientes serán capaces de vivir una vida que valga la pena en la naturaleza que les dejamos.

Receta pomada curativa de marmota


  • 250 ml de aceite de marmota (de la grasa muscular y visceral de la marmota)
  • 50 g cera de abeja ecológica certificada
  • 50 gotas del aceite esencial ecológico de pino de montaña de primera calidad
  • una pizca de clorofila de ortiga  de primera calidad


La receta se puede ajustar añadiendo más o menos cantidad para adecuarla a la cantidad de aceite deseada.

La pomada resulta útil en casos de:

REUMATISMO, CALCIFICACIONES EN EL HOMBRO, ARTRITIS, ARTROSIS, TOS, RONQUERA

1.  Cortar la grasa de la marmota y triturarla finamente utilizando un robot de cocina o una picadora de carne hasta lograr una consistencia similar a la leche.

2.  Calentar la grasa lentamente al baño maría, sin parar de remover, para separar el tejido conectivo del aceite.

3.  Colar el líquido caliente utilizando un colador forrado con tela o con un filtro de papel para separar el aceite de los restos. El aceite debería oler bien y tener un color amarillo limón pálido. Si tiene un color marrón o no huele bien, puede que se haya calentado demasiado o que no se haya cuidado correctamente la higiene.

4.  Dejar que el líquido fluya solo; no ejercer presión. Asegurarse de que el aceite no entre en contacto con agua, puesto que lo echaría a perder. 

5.  Medir 250 ml de aceite y añadir la cera de abejas cortada para que se derrita, dándole vueltas continuamente, a una temperatura máxima de 66 °C.

6.  Añadir la clorofila y 50 gotas de aceite esencial y verter rápidamente en tarros limpios.

7.  Mantener la pomada en un lugar fresco y utilizarla tan pronto como sea posible.

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