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Zimbabue


Una ruta segura por carretera a través de Zimbabue es la mejor oportunidad para descubrir este país africano tan diverso.


UNA CÁLIDA BIENVENIDA A ZIMBABUE

robablemente ya sepa que cada país tiene sus propios clichés. Aunque algunos tengan cierta verosimilitud, también están los que no dejan de ser un mero chiste. Tomemos por ejemplo lo que se dice sobre Zimbabue: sus habitantes son las personas más amables de África. Al llegar al Aeropuerto de Harare, no puedo más que ratificarlo. Sonrisas por doquier, buen ambiente y un sincero “¡Bienvenidos a Zimbabue, nos alegramos de recibirlos y acogerlos!”


DINERO PARA BUENAS CAUSAS

A solo un par de horas de coche, nos encontramos con uno de los lodges más lujosos de Zimbabue. Es el mejor ejemplo de que con dinero bien invertido se pueden hacer grandes cosas. Muchos de estos lodges promueven proyectos de conservación de animales y apoyan a las comunidades locales que viven a su alrededor con diversos programas. Tomemos por ejemplo a los rinocerontes que viven cerca de nuestro lodge. A última hora de la tarde, vemos una cría de rinoceronte blanco; es tan mono que parece un cachorro. Sin embargo, la madre no. En la reserva salvaje también hay numerosos elefantes, leones, leopardos, saltarrocas, impalas, kudús, antílopes, antílopes acuáticos y los poco comunes licaones. Los rinocerontes se reintrodujeron hace algunos años, traídos de Sudáfrica a un coste muy elevado. Ahora están a salvo de los cazadores furtivos. Cada cuerno está valorado en unos 350.000 dólares. Y eso a pesar de que los estudios científicos ya han demostrado de sobra que el polvo de cuerno no tiene ningún efecto médico.


EL SABOR DE ZIMBABUE

Esto no es Arizona, Utah ni Uluru/Ayers Rock en Australia. Son las Chilojo Cliffs, con su arenisca roja, situadas en el Parque Nacional de Gonarezhou, en la frontera con Mozambique. Bajo el calor abrasador, nos adentramos por el paisaje árido de la sabana arbolada de esta región. A lo largo del arenoso lecho del río, los elefantes marchan en línea recta para beber del menguado río. Nos reunimos con Clive Stockil, propietario del Chilo Gorge Lodge, conocido visionario tanto en Zimbabue como en el extranjero. En la década de los 80, fue uno de los primeros en tomar medidas para proteger a los rinocerontes en peligro de África, y también participó activamente en el desarrollo de numerosos proyectos en la región. No tiene mucho tiempo, es un hombre muy ocupado. Hace pocas semanas, Clive recibió el primer Lifetime Achievement Award de Tusk Trust Conservation, a los que estaban nominadas otras 50 personalidades de todos los países de África. El Príncipe Guillermo, Patrón Real de esta organización sin ánimo de lucro, fue el encargado de entregarle este preciado galardón junto con 50.000 euros para seguir respaldando el trabajo que realiza Clive en África. En pantalón corto, con sombrero de paja, unos binoculares SWAROVSKI OPTIK al cuello, y luciendo una importante barba gris, tiene un aire de curtido boy scout. La intensidad de su mirada también se refleja en su firme, muy firme apretón de manos. Clive Stockil no es una persona a la que le vayan las charlas banales. A la hora de hablar sobre la protección del medio ambiente, va directo al grano. “Esto es naturaleza en estado puro. Casi nunca te cruzas con otro coche, los animales no están acostumbrados a ver los 4x4 y, por ello, hay que esforzarse para encontrarlos.” Tanto en este parque como en Savé Valley Conservancy, Clive trabaja duro para reintroducir rinocerontes, elefantes y licaones. Otros parques nacionales de Zimbabue llevan sus rinocerontes hasta su concesión privada, porque saben que aquí tienen mayores probabilidades de sobrevivir. Clive explica cómo se cazan hoy en día los rinocerontes y los elefantes: con aparatos de alta tecnología, armas con silenciador, helicópteros, coches veloces e, incluso, veneno. “Los furtivos inyectan veneno directamente en la fruta o la vierten en los pozos para que los animales mueran sin mancharse las manos.” Clive afirma que se trata de “una arma de destrucción masiva” porque no solo causa la muerte de centenares de elefantes, sino también el de los buitres y otros carroñeros que vienen a alimentarse de los restos. Esta semana Clive viaja a Inglaterra para dar una conferencia en la National Geographic Society de Londres. No obstante, sigue siendo un hombre modesto. Y a pesar de su apretada agenda, siempre tiene tiempo para dar una vuelta por el parque con los huéspedes de su lodge y explicarles su proyecto. Es un experto en aves y conoce cada rincón de su vasto parque.

 

LA CASA DE LOS PICAPIEDRA

¿Ha oído hablar de los cebroides? Digamos que son el resultado del buen avenimiento entre cebras y burros. Se pueden ver en el Parque Nacional de Matobo. A pesar de las cebras domesticadas que vienen a relajarse y tomar el sol cerca de la piscina, los animales no son el único motivo para visitar este enclave. Nuestro alojamiento se encuentra al abrigo de impresionantes rocas de granito, integrado hasta puntos insospechados. No hay dos habitaciones iguales. Todo tiene un aire muy a lo Picapiedra, con paredes hechas con enormes piedras, una ducha que sale directamente de la roca y pequeñas ventanas que impiden que entre el calor. Es un campamento donde relajarse y desconectar después de un duro día de safari. Un lugar parar disfrutar de buena comida, meditar durante horas junto a una hoguera, y tener estimulantes conversaciones con los demás huéspedes. A primera hora de la mañana, nuestro guía Paul Hubbard nos lleva a dar una vuelta por el parque junto a dos guardabosques. No pasa mucho tiempo antes de que nos paremos y salgamos del 4x4. Con nuestros expertos guías, nos adentramos por un terreno arenoso de hierbas bajas, atravesando matorrales. Reina un silencio que casi se oye y tenemos que evitar pisar las hojas secas, ya que nos puedan delatar. Nuestros guías comprueban la dirección del viento y miran cómo se comportan los animales. Emiten sonidos relajantes para calmar a los animales y hacerles saber que estamos allí, pero que no tenemos intención de hacerles daño. Nos paramos y observamos estas impresionantes criaturas que se encuentran al borde de la extinción. Por suerte, hay guardabosques comprometidos para protegerlos. De hecho, Paul Hubbard no es solo un gran experto en naturaleza, sino también un guía que ofrece visitas históricas y culturales privadas, pero con un toque diferente. Le llevará a ver impresionantes pinturas en cuevas ocultas, pintadas por los antepasados de los bosquimanos. Podrá visitar la tumba de Cecil John Rhodes, desde donde podrá disfrutar de una impresionante panorámica del Parque de Matobo. Conocerá comunidades, colegios e iglesias, y Paul le explicará todo sobre el proyecto de vallado de uno de los laterales del Parque Matobo. Se trata de un enorme proyecto para mantener a los animales dentro y a todos los intrusos fuera del parque. Paul está detrás del proyecto de vallado y se entusiasma fácilmente al hablar de ese “trozo de alambre”. Espera que el parque quede pronto completamente vallado. Un hombre con semejante ambición y una saludable dosis de idealismo es de vital importancia para esta parte de África.

 

DE LA CIUDAD AL CAMPO

Después de varios días en plena naturaleza, es hora de volver a la civilización. Antiguamente, las mujeres no podían pasar por la entrada principal de nuestro hotel de Bulawayo. Pero la independencia también dio fin a la África colonial y ahora las mujeres puede ir donde quieran. Este pequeño y acogedor establecimiento es una excelente parada entre el Parque Nacional de Matobo y el Parque Nacional de Hwange. Nos dan la habitación No. 1, con acceso directo a la terraza de la planta superior; un entorno inmejorable para relajarse en un hotel colonial completamente renovado. Conducimos hacia el norte, en dirección al famoso Parque Nacional de Hwange, una gigantesca franja de naturaleza en estado puro en la frontera con Botswana. Lo que nos faltaba en nuestro itinerario era un campamento, motivo por el que estábamos deseosos de llegar al Campamento Davison. Por supuesto, no hablamos de improvisar en pequeñas tiendas de campaña. Este campamento está dirigido por Wilderness Safaris y cuenta con nueve lujosas tiendas con todas las comodidades: le esperan una cama palaciega y un baño privado con ducha. Con suerte, por la noche podrá oír los ruidos de los animales que vienen a curiosear alrededor de las tiendas: elefantes, búfalos, leones y leopardos.

 

EL PARAÍSO DE LOS GUEPARDOS

Uno de los días le pedimos a nuestro guía Mike que nos lleve a ver felinos... preferiblemente un león grande, viejo y majestuoso. De hecho, casi se lo rogamos: “Llévanos ante el Rey León.” Al día siguiente, bien temprano, partimos siguiendo unas huellas frescas sobre la tierra del Parque Nacional de Hwange. Pero nuestras esperanzas se desvanecieron en cuanto el rastro se adentraba en un denso matorral. ¡Lo hemos perdido! Pero Mike nos ha prometido enseñarnos felinos y cambiamos nuestra ruta por otra que es una de sus favoritas, cerca de nuestro campamento. Nos dice: “Este lugar tiene agua fresca y grandes espacios abiertos para cazar, lo que atrae a los felinos.” En pocos minutos, Mike nos muestra un enorme guepardo bebiendo agua. El animal se yergue lentamente y se tumba a la sombra de un enorme árbol. Mike afirma con seguridad: “Está descansando, haciendo la digestión, pero sigue alerta por si aparecen depredadores como los leones y las hienas.” Permanecemos durante un tiempo mirando y fotografiando al animal, y somos testigos de cómo se levanta y marca su territorio, saltando a una rama para otear el entorno. No conseguimos ver al Rey León, pero sí vimos un guepardo. Sin duda, ¡Mike conoce a los felinos!

 

EL ESPLENDOR DE LAS CATARATAS VICTORIA

Hay algo que los zimbabuos tienen claro: Las Cataratas Victoria hay que visitarlas desde su territorio, no desde Zambia. Consideramos que tendríamos unas mejores vistas desde un helicóptero, durante un económico vuelo panorámico de 15 minutos. ¿Sabía que David Livingstone, el explorador escocés que se aventuró en la vasta África, nombró las cataratas en honor a la Reina Victoria? Cada minuto, 500 millones de litros de agua rugen en su honor. Pero basta de datos y cifras. Lo que tiene que hacer es visitar esta maravilla de la naturaleza. Terminamos nuestro viaje en el Victoria Falls Hotel, situado junto a las cataratas, imbuidos de la nostalgia colonial. Incluso si no puede permitirse alojarse en una de sus habitaciones y disfrutar del soberbio desayuno que ofrecen, visite la terraza con sus espectaculares vistas sobre el Puente de las Cataratas Victoria y el atronador spray. Es el lugar ideal para terminar nuestra emocionante aventura por Zimbabue, país con un brillante futuro por delante.

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